¿Que hay de las turbulencias económicas que nos tienen angustiados? ¿Que hay de las crisis financieras donde el capitalismo a soltado amarras desmesuradamente y las reglas no fueron acatadas? ¿Socialismo?. NO.SI. Qué diseño económico nos vendrá mejor, no llamaremos a la alta costura del neo liberalismo para que nos venga a demostrar que podemos seguir por los caminos sin pendientes, ajustar el cinturón que nos vendrá bien. Y veremos cambios en las siluetas pálidas, agobiadas, donde el cuero cabelludo a hecho estragos en la mayoría de los líderes económicos. Y las instituciones funcionan. SI.NO. Tendremos que llamar a más “gurus” económicos para que sigan haciendo análisis y comparando la depresión de los años 30 con la actual crisis. Claro que los tiempos han cambiado y el mundo evolucionó a la velocidad de un rayo. SI. Volvamos a los señores feudales. NO. Una Ilustración de las masas de Internet. NO. Tenemos opiniones. vienen van. Mejor un Renacimiento cultural de energías renovables y comida Bio para todo el planeta. SI. Adoremos nuestra nueva dieta. No mucha carne está muy cara. Y al final quienes pagan, los mismo de siempre, los que no tienen opinión ni derecho a reclamo: la clase empobrecida por los últimos debacles financieros y la clase media que no quiere decir lo mal que está economicamente para que sus amistades no los desdeñen de su círculo del poder. No puedo pagar la hipoteca, debo el 4×4, los pasajes del año pasado a “Disney” con los niños y debo todas las cuotas del colegio y del club de golf. Eso es nuestro estado cotidiano. ¿Podrá alguien seguir en este estado para siempre?
Lo que nos queda es nuestro poder mental, nuestra persona, la familia y la fortaleza y lo más importante volver a la austeridad del sin sentido.

Había encontrado marido, después de tanto esperar; no era lo que se había imaginado. Todos esos “habías” se transformaron en rutina, rutina pesada y a veces dolorosa. Que más puedo esperar si todas mis amigas están bien casadas, con buena situación económica, hablando del nuevo auto que se compraron, de las vacaciones maravillosas en una isla paradisíaca: ¿Y YO?

Si la vida de Jane se convirtió en un calvario es poco decirlo.
El tiempo pasaba y su marido indolente y poco atinado no sabía apreciar lo mucho
que ella le había entregado. ¡Que será eso tan maravilloso que me has entregado!
¿Qué crees tú?
- Hemos pasado veinte años juntos y todavía no te das cuenta.
- No todavía no y creo que nunca me daré cuenta
- Creo haber sido y sigo siendo un marido gentil, atento y preocupado de mis hijos y mi familia.
- Y yo, yo no cuento.
- Pero si tienes todo lo que una mujer quisiera: casa propia, auto del año, viajes,
vas al club a jugar golf, tenis, sales con tus amigas, hacen temblar todas las tarjetas de créditos ( que a propósito están copadas ).
- Tú cretino crees que eso es la vida: lo material, las tarjetas, los viajes, el “shopping” y pasearme como la gran dama esposa del Gerente de la empresa más próspera de la región.
- Siento decepcionarte Pedro; que eso no es lo que yo considero vida y matrimonio.
- ¿NO?
- Yo que me saco la m… trabajando para darles todo lo que ustedes necesitan y tu me
vienes con esta versión filosófica del matrimonio.
- No, yo no lo acepto
- Estoy harto de tanto problemas que tú misma te pasas por tu cabeza, siempre pensando mal, siempre juzgando a la gente, siempre de mal humor, cansada, agobiada por ir a dejar a los niños al colegio todos los días. ¿No crees que esos son tus deberes de madre?
- Mis deberes de Madre y que hay de mis derechos como mujer, como alma pensante. ¿Eso no cuenta?
- Creo que este es el cuento de nunca acabar.
- Tú no cambiaras tus hábitos de cansancio crónico y yo no cambiaré mi aburrimiento, como tú me dices; claro me dices que me siento a leer el diario cuando llego del trabajo y ni siquiera te hablo. Bueno, sí, al final es mi error.
- Lo comprendo
- Creo que esto está tocando fondo y lo mejor es que volvamos a empezar, ya nos lavamos la cabeza con todas las recriminaciones.
- Te encuentro toda la razón amorcito.
- Voy abrir una botella de Champagne y celebramos
- ¡Qué buena idea!
- Seguiremos nuestras “disputas” el próximo sábado
- Esta bien
- Una última cosa, sabes tengo la tarjeta copada, me puedes dar unos mil dólares para pagar una cuenta que tengo en la tienda Zara.
La luz se apago, la casa de los Smith se volvió apacible; mañana era otro día en que se encontrarían con lo mismo del día anterior.

No recuerdas el día que sentado mirabas al vacío y esperabas una llamada

Recuerdas el día menos pensado que tus miradas se atribulaban en la oscuridad

y el tiempo de los recuerdos iluminaban la escalera que todos los día dejaba

tu paso al caminar.

¿Dónde quedó mi teclado?

Ese teclado que es mi única compañía desde que nadie me avista.

Teclado de miles de sonidos que yo los imagino para no sentirme sordo de mis

amores.

Quiero que descubras si estoy en lo cierto, si un día todos nos quedaremos esperanzados

que el teclado nos golpee con su sonido y nos despierte la memoria que inerte viene y va

sin dejar más allá.

Teclado de fina historia que recompensa soledades, angustias y quehaceres del alma.

Teclado que diste con la alegría y la gloria que muchos no trasnochan para vencer el anonimato y no tener desencanto.

Te expreso mi alegría de tener un amigo que mudo al viento siempre reconforta lo más alto de mi pensamiento.

¿Te da alegría tu teclado?

Al caminar por las calles de Londres, París o cualquier capital del mundo globalizado, nos sentimos encapsulados en el rigor de la ciudad, y muchas veces de la suciedad a nuestro alrededor; y esto hace que olvidemos que no hace mucho grandes poetas o sólo aficionados a las palabras dejaban inscritas sus emociones en una caminata por Hyde Park o Los Jardines de Luxemburgo intuyendo que encontrarían sus juegos de palabras y raciocinio para entender lo que pasaba por sus ojos: abistando lo mejor del ser humano o lo recóndito que se expresa en una caminata torcida, una mirada lasciva o un tic en el cuello. Los poetas de nuestros días están más en un Café Nero, Costa, Starbucks o similar para tratar de descubrir que los sentimientos, las palabras y las alegorías siguen viviendo en el mismo ser humano que paseo su novia un domingo por los castaños del Jardín de Luxemburgo, para después llevarla a la brasserie de la esquina a tomar un te o café. Hoy esa misma pareja está abrumada con sus cuentas de hipotecas, automoviles, gadgets y otros, que al juntarse en la cafetería frente al lago en Hyde Park sacan toda la tecnología previsible para hacer una linda tarde de domingo en un happy-techno-brunch. Al final vivimos a la poesía en la calle y nos mezclamos al revivirla, sin perder el sentido como sociedad a obtener lo más grande y preciado que nada de la globalización nos puede dar: felicidad. ¡Que vivan los poetas vivos¡

La poesía ya no se hace eco en Hyde Park. El poeta no tiene tranquilidad para divagar cual será la próxima palabra. Sentado mirando a las masas transitar, el equívoco se hace más presente. Esquivas palabras frente a una turba desatada de turistas mirando gaviotas, patos, ardillas o sólo caminando su aburrimiento, mientras el lago en Hyde Park y el memorial a la “Princesa Diana” está plagado de niños o no tan niños paseando en sus scooters. La “´Princesa del pueblo” está agitada con tanta lengua parlante en los más diversos dialectos. Será ruso, polaco, japonés, no interesa. Es la globalización del alma que hace sus estragos en el turismo ajetreado que al final de cuentas, todos más o menos lo gozamos.

Londres es una capital cosmopolita y diferente. Si pensamos que cuando caminamos por Brompton Road, cerca de Harrods casi nadie habla inglés, es algo bastante inusual pero totalmente “British”. Britania es paradoja es excentricismo y conexión con todo lo diferente que el mundo puede ofrecer. Basta caminar por las calles de Londres, y no reconocer a una lady de tiempos pasados con su falda larga y un perfecto gentleman paseando su paraguas. El paraguas no puede faltar en una ciudad donde las nubes danzan a cada segundo y el cielo se cubre de nostalgia, alegría, historia y armonía. Todas las estaciones caminan de la mano en Londres. Nunca se separaran. Sentada en un café en el Kings Road, mi calle favorita para mirar a los “antiguos Londinenses”, al mirar mi reloj y ver que son las 19:00 horas.
veo que un atento joven, que era Portugués, me dice que van a cerrar el café. No podía creer que a plena luz de un esquivo sol de verano Londinense ya tenía que dejar mis miradas para otra ocasión. Me fui a buscar un taxi, mirando como la ciudad se escondía en los escaparates y vitrinas luciendo lo último de la nueva temporada otoño-invierno, la gente caminaba rápido hacía sus destinos y un pub en la esquina repleto de jóvenes y no tan jóvenes tomando cerveza y vino en la calle. El pub era lo único viviente en una ciudad que vuelve a dormirse sólo para los que van a sus casas. Los restaurantes y la vida nocturna empieza a ser su aparición para desatar la euforia de los compuestos ingleses que desatan sus corbatas y trajes para bailar, tomar y gozar de la noche. Para las familias y los demás ciudadanos la vida continua donde pueden decir: “Mi casa es mi castillo”.

Después de haber disfrutado de un gran festin en el Kim’s restaurante en Wilton road en Pimlico, Westminster, creo que un agua de manzanilla me vendrá bien. Hemos comido “crispy spring rolls”, “salt and pepper schrimps” y finalizando con un “beef with ginger and spring onion”: eso fue suficiente para que llegara a la casa bastante pesada de tanta comida y como si fuera poco tres idas al ba;o con mi pequeña de cinco años que lo único que quería era sacar las servilletas para secarse las manos, que tenían un lindo color verde cielo. Que extraño venir a comer, disfrutar de un buen vaso de merlot, mientras mis idas al baño con un lavamanos lanzando agua en forma de casacada hacian de la noche la delicia de mis hijas. Mi marido y yo disfrutamos nuestra comida como un partido de polo en varias chukkas. Pero al final salir de noche, relajarnos entre comillas y ver la luna en Londres era algo memorable.

Siempre creí tenerlo todo.  Una familia, hijos, padres, abuelos.  No no lo era.  Todo es algo que no estaba en mi ser.

Sin darme cuenta el 15 de octubre de 1980 una explosión tuvo graves consecuencias en mi alma.  La explosión no era la mina donde mi marido trabajaba de sol a sombra todos los días.  Verlo levantarse a las cuatro de la mañana, poniendo algo para comer en su mochila era algo que me dolía.  El valientemente, nunca dijo nada.  Por más de veinte años hizo todos los días el mismo recorrido.  Con un amanecer de colores, caminando por la polvorienta vereda del  lado sur de montegrande, Alberto miraba el reflejo de sus pasos en un lunar de sombra.  Al llegar sus compañeros siempre le daban unos pequeños golpes en la espalda porque lo sabían el más tímido del grupo.  El túnel de la mina en montegrande estaba a más de veinte metros bajo tierra,  era un gran edificio, sin vista.  Este edificio que hacía ganar grandes sumas a sus dueños, no tenía la más mínima seguridad para los que dejaban la gota de sudor todos los días.  Sus cascos estaban agrietados, saltados; no se veía el color de lo  desteñidos y corroídos que habían quedado.    Pasaban muchas horas en esa oscuridad.  Los desmallados eran puestos en una esquina donde hasta el agua era racionada.  La comida tenían que llevarla de sus casas.  ¿Era este el entrante siglo XXI donde Alberto quería vivir?  Nada importaba si era para la poca y restringida mensualidad, que siempre retrasada, le llegaba a sus manos.  Un cheque cruzado que no podía canjear, por no tener cuenta bancaria.  Caminaba dos horas para llegar a Puerto Amarillo para poder cambiar su cheque.  Pasaba al supermercado y llenaba el carro para alegrar la cara de sus cinco pequeños.  Alberto no tenía más ambición.  Lo mejor que les dejaba era la comida.  Si educación no les puedo dar, el gobierno se las proporcionará.  Comidos y con buen cerebro llegarán a donde Dios los mande.  La mina se ha puesto cada día más difícil, dice Alberto a Margarita, su mujer.

-¿Que te parece si echamos rumbo al sur para otro destino?

-Si tu quieres eso, yo te acompañaré donde sea.

Alberto fue a dar aviso al gerente de la mina que se iría a contar del próximo mes.  Los veinte años de trabajo era lo que el Gerente de la mina entrevería. ¿Qué  haré con este hombre?  -Tendré que darle una buena suma por sus años de trabajo.  -Jeremías tu como hombre de confianza quiero que averigues un poco de la vida de Alberto y si hay en él un punto negro que nos pueda traer beneficios.  -como diga patrón. -Jeremías sabía muy bien el punto flaco de Alberto:  la bebida.

Al ir al bar después de su duras horas de trabajo, Alberto paso por unas buenas copitas de pisco.  Al volver a casa encontró un auto de la policía.  Alberto se asustó.  ¿Qué habrá pasado con mis hijos o será Margarita? -¿Usted es Alberto Urtubia? -Pregunto el detective.  -Si señor, yo soy.  -Señor Urtubia en la mina donde usted trabaja hubo un desfalco de $200.000.  Su nombre fue dado como presunto inculpado. -¿Yo?, pero debe haber un error.  Trabajo a veinte metros bajo tierra, como voy a estar en las oficinas haciendo un desfalco.  Es un error.  -Tenemos una orden judicial para revisar su domicilio.  Entretanto, Margarita abrazada con sus cinco hijos, rogando a la virgen de Guadalupe que le mandara sus bendiciones.  Nada fructificó hasta ese momento.  La casa se dio vuelta y nada se encontró.  Al salir de la casa, el detective ayudante, Sargento Román dijo:  – Señor Urtubia:  ”Ponga las manos en la nuca por favor”   -Alberto fue revisado como cuál criminal.  Toqueteado y se le encontraron $200.000. en su bolsillo izquierdo.  Él confundido; aturdido con alcohol, no pudo balbucear palabra.  Margarita se tomó la cabeza y no pudo contener las lágrimas que caían en su hija la más chica:  Consuelito tenía dos años.  Alberto fue llevado a la prefectura, fue acusado de robo.  -El Gerente de la mina fue a visitarlo.  – Alberto siento tanto lo que ha pasado.  Tu has sido un trabajador intachable por veinte años ¿Qué te pasó?.  Alberto lo miro incrédulo y no dijo nada.  A la salida de la prefectura, el Gerente fue a la Oficina del Detective en Jefe.   Y le dijo: -Quiero que esto quede en nada.  No se harán acusaciones.  Lo quiero fuera mañana.  -Jeremías se encargará de sus transferencias- entendió comisario, sí señor como usted diga.   El dueño de la mina era el rey todopoderoso.  Fumando su puro salió a tomar aire y aliviar su genereso actuar.  Al final de cuentas, lo que manda es el billete, se jactaba, riéndose, mientras Jeremías, le decía, si señor, como usted diga.  Alberto al abandonar esa noche de terror, llegó a su casa sin saber que decir.  Margarita no hizo preguntas sabía que él no lo había hecho.  Dos semanas después Alberto, Margarita y sus cinco hijo estaban en el Valle de las lomas.  Alberto era el capataz de la Viña Tierra Escondida.  Una nueva vida había comenzado, y las huellas de los tropiezos habían dejado a la familia Urtubia una buena lección:  no ser tan confiados y Alberto prometió a Margarita que dejaría de beber.  -Sólo una cerveza de tarde en tarde- decía.  Sus hijos se veían felices y la familia se unió más.  Los hijos mayores entraron a trabajar en las tardes, como ayudantes en la cosecha de la viña.  La vida, después de todo, tenía sus agradecimientos.

A pasos distante quedaba la vida de la mina: años de esfuerzo y sacrificios.  Pero todo seguía su curso en las áridas tierras de montegrande…

El Gerente de la mina y Jeremías se tomaban una buena botella de pisco celebrando.  -No tuvimos que pagarle un peso al estúpido de Alberto.  Con lo del robo quedó saldada su cuenta de veinte años de trabajo.  ¡Lo hicimos!

Lo que no contaba el Gerente de la mina y Jeremías es que mientras celebraban y tomaban su pisco, hubo una gran explosión en la mina que dejó cuatro muertos y dos heridos.  La causa de la explosión la dio el capataz:  -Patrón fue terrible, no pudieron escapar, se les vino toda esa masa de tierra encima, y todo fue porque el encargado de la dinamita puso una carga muy fuerte-  -Usted sabe patrón que Jeremías era el encargado de la dinamíta y, como experto, nunca le fallo el pulso-

Dónde quedó atrapado ese aire que viene del más allá

y no conoce eternidad.  Tu suspiro entro en el tunel del silencio, me dejó sin saber si era real o sólo ocasional.

Mándame el rayo que necesito para alumbrar mi corazón.

No quiero que la tortura de la espera me deje sin razón.

Suspiro del viento en el temporal. Temporal que trajo el brillo asoleado de tu ojos.  Miraste y no miraste.  Me dijiste y callaste.

Más valió tu suspiro retardado para ingresar en el torbellino de mi circulación que sumergió mi amor en un resplandor

Que un suspiro no tenga el valor de la perdición.  Un suspiro tenga el valor de la redención.  Amargo o dulce tu suspiro siempre destella pasos sombríos.  O es imaginación.  No el dolor trae felicidad al final de tus huellas cristalinas que el amanecer las revive y el placer las deshace.


 
 
 
 

Entró sin desesperarse. Abrió la puerta con mucho cuidado, las Bisagras crujían un poco. La próxima vez, me aseguraré que le hayan puesto un poco de aceite.
- Maldición, hay alguien viendo la televisión, no podré hacer lo presupuestado.
Subió midiendo cada paso, ya se encontraba en el segundo piso. Pensó: Al fin podré liquidar a este maldito que no me deja dormir. Mueve la cama sin cesar y parece que todo el día camina de un lado para otro; me tiene enfermo. Tendré que seguir tomando pastillas para dormir. Me acaban de dar “hypericum” o “hierba de San Juan”. Espero me haga efecto. Pero, a pesar de meditarlo, no tengo otra alternativa le voy a dar un buen escarmiento. No puedo seguir sin dormir. El café que tomo diariamente no me puede tener tiritón; mi vida se ha convertido en un suplicio. Llegué al tercer piso . Yo arriendo el segundo. Mister Blake yacía con sus brazos descansando de costado. Estaba, según, lo que veía, totalmente dormido. Vi unas pastillas en su velador, y en la alfombra botados  los envases. Me acerqué, un poco temeroso. Las manos me transpiraban y las piernas me temblaban. Traté de agacharme lentamente. No sentí su respiración. Lo llamé al oído: - mister Blake, mister Blake-. Nada. Me dí vuelta. Un poco asustado, Le dije: -¿Mister Blake lo hizo por mí? Y pensé que afortunado no tuve necesidad de ensuciarme. Bajé la escalera muy lentamente. Barry su acompañante estaba viendo “Fox News”. De vuelta en la calle. Uf.. respiré y sentí el olor a primavera. Dí gracias por estar entero y no despedazado por mis obsesiones. Crucé, me tomé un buen Capuchino. De vuelta en la casa,  Barry seguía viendo las noticias, junto a él una botella de cerveza. – Barry que tal. ¿Cómo ha estado tu día? – Bien gracias, todo tranquilo.  Al llegar a mi habitación me tiré sobre la cama con un gran alivio.  El colchón estaba muy blando tenía un hoyo en el medio.  Cuando me compre mi nuevo departamento cambiaré todo y lo primero que tendré será una gran cama con el colchón más caro y elegante que encuentre.  Creo que me lo merezco.  Después de todo, tanto tiempo soportando al viejo y más encima leyéndole todos los días la página roja.  Fue buena la espera.  Mister Blake me dejó como heredero universal de su cuantioso portafolio de acciones.  El pobre Barry tendrá que conformarse con la casa vieja y la crujidera de piso.  Al final de cuenta el que ríe ultimo ríe mejor.

 

Noviembre 2009
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