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Un hombre desesperado. Seis años esperando el anhelado trabajo. Entrevistas, reuniones, desayunos, recursos humanos, test psicológicos, análisis grafológicos, y todos los lógicos que podemos imaginar. Una cacería del zorro donde el zorro se esconde en la ciudad. El cemento no deja ver entre tanta psicología evolutiva del ser humano tratado como “ganado” al mejor postor. La vida es competición y elecciones. Pero para este hombre con una familia, cuentas por pagar, cambios de casa por más de dos veces al año. Una familia quebrada por el dolor de las tensiones diarias de: “mañana será mí día”. Ese mañana se hace una eternidad en guerra de nervios a flor. Una eternidad de llamadas telefónicas a la esposa esperando que “mañana será el día”. Hemos rezado a todos los santos de que tenemos memoria. Han pasado seis años y nada. Mi última esperanza es el Papa Juan Pablo II, a lo mejor lo canonizan por mi milagro. La Virgen de Guadalupe ya me ha dado tantas bendiciones. No quiero molestarla más. Los días de mi tormento, túneles sin fin, días grises donde el sol no da la cara. Al final, si al final les puedo decir que debemos creer en los milagros. Hoy día. Sí; no escuchan mal, hoy día 18 de noviembre algún Santito desde el cielo me tiró un salvavidas y me dejó remar tranquilo por un tiempo, como todo en la vida, mi tiempo llegó. Hoy he sido contratado y he saltado de felicidad. Me fui a la iglesia más cerca de mi oficina. Arrodillado, agradecí todo lo maravilloso que me ha pasado. Porque, a pesar de todas mis aflicciones, mis hijos y mi esposa siempre han gozado de buena salud y buena comida. Con eso tengo todo por celebrar. Y lo más importante, estuvimos separados seis años con mi esposa. Ella en un lugar lejano para pagar menos alquiler y poder poner a los niños en un buen colegio. Hoy estamos todos juntos gozando de nuestro jardín y dando las eternas gracias de estar unidos.

El sol se demora en llegar o llega muy atrasado para muchos, pero les puedo decir: Inventense un sol propio, mientras mitigan los dolores del alma.

Estoy seguro: ¡Hoy creo en los milagros!

P.D:: Lo que no se y no sabré jamás fue quién de mis buenos amigos me ayudo, los de la tierra no, no se equivoquen. Fueron mis amigos del cielo.

 

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